En los límites montañosos de la alcaldía Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, existe una cancha de fútbol que no tiene comparación en el mundo. Se trata de la llamada “cancha de los dioses”, la primera y única cancha de fútbol construida dentro del cráter de un volcán real: el volcán Teoca, un coloso inactivo desde hace miles de años.
Este espacio deportivo se localiza en el pueblo de Santa Cecilia Tepetlapa y se encuentra a más de 2,700 metros sobre el nivel del mar, superando incluso la altitud de algunos de los estadios profesionales más altos del país. Su singularidad no solo radica en su ubicación geológica, sino también en su profundo vínculo con la historia, la identidad comunitaria y la vida social de la región.
La cancha de los dioses
Antes de convertirse en un campo de fútbol, el cráter del Teoca tuvo un significado ritual y astronómico. De acuerdo con relatos locales y estudios históricos, el sitio habría sido utilizado en época prehispánica como lugar ceremonial y observatorio astronómico por los pueblos xochimilcas. El nombre “Teoca” proviene del náhuatl (teotl, dios; calli, casa), y puede traducirse como “Casa de Dios” o “asiento de los dioses”, lo que refuerza su carácter sagrado ancestral.
Rodeado por bosques de encinos, madroños y ailes, el volcán también es hábitat de diversas especies de fauna, como conejos, teporingos, cacomixtles y aves canoras, lo que convierte al lugar en un espacio de alto valor natural y cultural.
El origen de una cancha improbable
La creación de la cancha no respondió a un proyecto institucional, sino a una necesidad comunitaria. Debido a la topografía escarpada de Santa Cecilia Tepetlapa, encontrar terrenos planos para practicar deportes era prácticamente imposible. El cráter del volcán, con su superficie relativamente nivelada, se convirtió en la única opción viable.
Desde al menos 1958, la comunidad comenzó a utilizar el interior del cráter como campo deportivo, aunque su acondicionamiento formal se consolidó décadas después. Desde entonces, el espacio ha sido defendido como bien comunal, incluso frente a intentos de apropiación privada. En más de una ocasión, los habitantes recuperaron el terreno mediante acciones colectivas, reafirmando su derecho a conservarlo como espacio público.
Infraestructura austera, espíritu monumental
La cancha del volcán Teoca funciona como un estadio natural. No cuenta con gradas, vestidores ni estructuras formales, pero posee dimensiones cercanas a las profesionales, con aproximadamente 108 metros de largo. Su mantenimiento depende exclusivamente de los jugadores y vecinos, quienes realizan faenas comunitarias para limpiar y conservar el terreno.
Además del campo de fútbol, el área incluye canchas de básquetbol, gimnasios al aire libre, juegos infantiles y zonas con asadores, lo que amplía su función más allá del deporte. El acceso es gratuito y el espacio permanece abierto todos los días, de la mañana al atardecer.
El corazón social del pueblo
Cada domingo, el volcán cobra vida. Más de una decena de equipos provenientes de Xochimilco y Milpa Alta participan en una liga amateur que convierte al cráter en un punto de encuentro regional. Desde tempranas horas se disputan partidos consecutivos en un ambiente festivo que incluye narraciones, música, pirotecnia tras los goles e incluso grabaciones con drones.
Para llegar a la cancha, jugadores y espectadores deben recorrer más de un kilómetro por un camino empedrado, un esfuerzo que refuerza el sentido de pertenencia y convierte cada jornada deportiva en una experiencia colectiva. Alrededor del campo se instalan puestos de comida y bebidas, transformando el lugar en un espacio de convivencia familiar.









