Aogashima

Tokio, Japón Este tranquilo pueblo japonés está construido dentro de un volcán activo.
Dirección: Aogashima, Tokio 100-1701, Japón Coordenadas: 32.46640, 139.76329 En helicóptero desde Hachijo-jima Excursiones en español por Japón

A más de 350 kilómetros al sur del centro de Tokio, en medio del océano Pacífico, se encuentra el pueblo más pequeño de Japón, Aogashima, una diminuta isla volcánica que parece sacada de una película de ciencia ficción. Administrada oficialmente como parte de la metrópolis de Tokio, este enclave insular alberga apenas 170 habitantes y guarda uno de los paisajes más singulares de Japón: un volcán dentro de otro volcán.

Una Tokio desconocida

Aunque la mayoría asocia Tokio con rascacielos y avenidas interminables, su territorio incluye montañas, archipiélagos y varias islas volcánicas que se extienden más de 1.800 km hacia el sur. Entre ellas destaca Aogashima, conocida por su aspecto de “Jurassic Park japonés”, con un cráter cubierto de selva y el volcán Maruyama en el centro.

Historia marcada por el fuego

La vida en Aogashima nunca ha estado exenta de riesgos. En 1785, una violenta erupción arrasó la isla, provocando la muerte de la mitad de sus 327 habitantes. Desde entonces, el volcán sigue registrado como activo por la Agencia Meteorológica de Japón, aunque no ha vuelto a despertar en más de dos siglos. Pese a este peligro latente, los isleños han decidido permanecer, convencidos de que la naturaleza dicta las reglas, pero también ofrece abundancia y belleza.

Llegar a la isla: una aventura en sí misma

Acceder a Aogashima no es tarea sencilla. La opción más confiable es un servicio de helicóptero que conecta diariamente con la isla de Hachijō-jima, a unos 50 km de Aogashima. El trayecto de 20 minutos cuesta unos 100 dólares y requiere reserva con semanas de antelación. También existe un ferry, pero las condiciones del puerto hacen que los viajes sean a menudo cancelados.

Un estilo de vida en comunidad

La vida en la isla se desarrolla a un ritmo pausado y comunitario. El pequeño pueblo cuenta con un único semáforo —usado más como lección escolar que como necesidad vial—, una oficina postal con el único cajero automático, dos izakayas (bares tradicionales), un taller mecánico y una tienda que abastece a locales y visitantes. Los residentes combinan la pesca con la agricultura en pequeñas parcelas protegidas por invernaderos, y la destilería local produce un célebre shōchū elaborado a base de batata (un licor similar al vodka) .

La naturaleza como protagonista

El cráter interior, rodeado de selva densa, es accesible a través de un túnel y ofrece paisajes de gran belleza. Allí aún se encuentran vestigios de antiguas viviendas, y el aire está impregnado de humedad y vapor volcánico. Parte de esa energía natural se aprovecha en instalaciones únicas, como un sauna geotérmico y un área de cocción comunitaria, donde los visitantes pueden preparar alimentos con vapor que emana del suelo.

El clima tropical, la exuberante vegetación y las vistas panorámicas al mar hacen de Aogashima un paraíso aislado, aunque sin playas. La pesca en el puerto y las caminatas por senderos selváticos son algunas de las actividades más apreciadas por locales y turistas.

Vivir con el volcán

Para sus habitantes, Aogashima es mucho más que un lugar pintoresco: es un hogar donde la tranquilidad, la cercanía entre vecinos y la presencia constante de la naturaleza compensan el aislamiento. “Nadie puede vencer a la naturaleza”, afirma un residente, consciente de que el volcán podría volver a despertar algún día. Hasta entonces, cada jornada es vivida como un regalo en esta isla única del Pacífico.

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