A pocos kilómetros de Zarza de Granadilla se encuentra una villa que aún conserva el eco de su esplendor medieval. Custodiada por un imponente castillo, Granadilla permanece viva gracias a su valor histórico y turístico. Ligada durante siglos a las coronas de Castilla y Aragón, así como a la Casa de Alba, fue un enclave estratégico y un importante núcleo de población en la comarca.
La llegada del embalse y el principio del final
El destino de Granadilla cambió radicalmente a mediados del siglo XX. Con la construcción del embalse de Gabriel y Galán, comenzó una etapa de incertidumbre que marcaría el declive de la villa. En 1955 un Real Decreto ordenó su expropiación total. Los habitantes fueron desalojados bajo el argumento de que el agua iba a cubrir el pueblo. Sin embargo, el nivel del pantano jamás llegaría a tocar sus calles, lo que dejó dudas sobre si intereses de los terratenientes influyeron en la decisión.
La villa pasó a ser propiedad de la Confederación Hidrográfica del Tajo. La expropiación se extendió durante años: se inició en 1959, los últimos vecinos fueron obligados a marcharse en 1965 y los pagos no se completaron hasta 1973. Muchos agricultores se vieron obligados a arrendar sus propias tierras, aún sin recibir indemnización. Fue un proceso duro, marcado por el desarraigo y la falta de opciones para quienes habían vivido allí toda su vida.
Una isla en el silencio
Entre 1963 y 1965, el pueblo quedó aislado cuando los puentes de acceso quedaron bajo el agua. Cerca de 460 personas resistieron en condiciones complicadas, cruzando en barca junto a sus ganados para poder continuar con su día a día. La última persona en marcharse lo hizo en 1968: quien era responsable de transportar al personal por el embalse hacia la comarca.
La tragedia no solo afectó a los vivos. Los difuntos tampoco pudieron descansar en paz: el cementerio antiguo, fuera del alcance del pantano, fue vaciado para trasladar los cuerpos a un camposanto nuevo. Para muchos, aquello supuso una herida adicional en su identidad y memoria.
Reconocimiento y recuperación
En 1980 Granadilla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. Cuatro años después se incorporó al Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados, destinado a restaurar y preservar enclaves que aún tenían un valor patrimonial singular.
Hoy, gracias a estas iniciativas, el visitante puede recorrer su trazado medieval y adentrarse en espacios que permiten imaginar el pasado de la villa.
Rincones que cuentan historias
Entre quienes más conocen cada rincón de Granadilla está una mujer vinculada emocionalmente al pueblo: su familia formó parte de las primeras obras de reconstrucción. Ella muestra con orgullo el olmo centenario que aún da sombra en la plaza, testigo del paso de reyes como Alfonso XIII en su camino a Las Hurdes.
El castillo es uno de los grandes atractivos. Sus escaleras de caracol conducen a una vista espectacular del contorno de la villa, el embalse, el Anillo y los altos de la comarca, como el Calama. También sus murallas y calles empedradas invitan a perderse en un ambiente que mezcla nostalgia y belleza.
Su plaza principal concentra algunas de las casas más importantes de la antigua villa. Quien la recorre suele preguntarse cómo un lugar así pudo perder a toda su gente y qué sintieron quienes se vieron obligados a marchar.









