Este es el tercer lugar curioso que encuentro en Minas Gerais gracias a la telenovela brasileña Hilda Furacão, aunque no de forma directa. Mientras buscaba en Google Maps las locaciones que aparecen en la serie, me topé con este museo, y me pareció de lo más peculiar.
Se trata del Museu da Moto, en Tiradentes: una parada inesperada pero fascinante para quienes disfrutan de la historia, los vehículos antiguos y las colecciones poco comunes.
El coleccionista Rômulo Filgueiras transformó su pasión de toda la vida en un espacio único que hoy alberga más de 80 motocicletas y miles de objetos relacionados con el mundo del motor.
Una colección llena de piezas históricas
El acervo del museo va mucho más allá de motos clásicas. Entre sus mayores joyas destaca una FN belga de 1909, considerada una de las motocicletas más antiguas de Brasil. Este ejemplar incluso conserva un curioso sidecar de mimbre y un motor de apenas 1,5 caballos de fuerza.
El recorrido también incluye réplicas de los primeros conceptos de transporte sobre dos ruedas, como el Celerífero francés (1790) y la Draisiana alemana (1817), mostrando la evolución desde la madera hasta el motor.
Otro punto sorprendente es la presencia de motocicletas del antiguo bloque soviético, con modelos procedentes de Checoslovaquia, Rusia, Hungría y Bielorrusia, difíciles de ver en Sudamérica.
Entre las curiosidades más llamativas se encuentran una Rokon Ranger, una especie de moto-tractor con tracción en ambas ruedas, y la elegante Aprilia Motó 6.5, diseñada por el reconocido Philippe Starck.
Una experiencia cercana y personal
El museo está instalado en un caserón de los años 60, muy cerca de la estación del famoso tren turístico Maria Fumaça. Lo que lo hace especial es su ambiente familiar: muchas veces son el propio Rômulo o su esposa quienes reciben a los visitantes y cuentan las historias detrás de cada máquina.









