En Cantabria hay montes, valles, ríos y playas. Pero solo hay dos colinas capaces de sonrojar hasta al más serio: las Tetas de Liérganes. Su nombre oficial, Picos de Busampiro, no suena ni la mitad de divertido, y casi nadie lo usa. Porque, seamos sinceros, ¿quién podría resistirse a un nombre así?
Dos picos con mucho carácter
Estas gemelas de piedra, llamadas Cotillamón y Marimón, se alzan con unos 400 metros de altitud sobre el nivel del mar. Modestas, sí, pero perfectamente proporcionadas. Desde abajo, su forma redondeada recuerda al busto de una mujer recostada, lo que explica por qué el apodo popular desbancó al oficial hace ya mucho tiempo.
Desde sus cimas, las vistas son tan amplias que uno casi olvida el esfuerzo: se domina todo el valle del Miera, el municipio de Liérganes, la bahía de Santander y hasta la Peña Cabarga, ese vigilante pétreo de la Trasmiera.
Naturaleza con curvas
A los pies de las Tetas crecen bosques de robles, fresnos y castaños. El río Miera serpentea cerca, como si también quisiera rodearlas. En la zona se asientan pequeños pueblos como Rucandio, Extremera o Angustina, todos ellos con ese aire tranquilo de la Cantabria interior. Liérganes, la localidad más cercana, es además uno de los pueblos más bonitos de la región —y con razón: entre su puente romano y sus casonas de piedra, parece detenida en el tiempo.
Una subida que pone a prueba las piernas
Llegar hasta las cimas no es cosa de un paseo por el parque. La ruta completa ronda los nueve kilómetros (cuatro de subida y cinco de bajada), con tramos que hacen sudar incluso al más motivado. Pero la recompensa lo merece: el paisaje se vuelve cada vez más impresionante, y el Mirador de la Peluda ofrece una vista que invita a sacar la cámara.
El camino parte desde la estación de tren de Liérganes, fácilmente accesible desde Santander, o desde el Barrio del Mercadillo. A medida que se asciende, el terreno se vuelve más kárstico y puede que toque trepar un poco —un último esfuerzo antes de “coronar” las Tetas, literalmente.
De las medidas perfectas a las medidas geográficas
En un mundo obsesionado con los 90-60-90, estas montañas ofrecen su propia versión de la perfección: 400 metros de altura, 4 kilómetros de ascenso y 300 de desnivel. Y no en centímetros, sino en metros, que aquí la escala es otra.
Más allá del chascarrillo, las Tetas de Liérganes son un símbolo del carácter cántabro: natural, con humor y sin complejos. Un paisaje que combina belleza, historia y un toque de picardía. Porque en Cantabria, hasta las montañas tienen sentido del humor.








