La Feria Persa

Gran Buenos Aires, Argentina Esta serie de torres con cúpulas islámicas, paredes pintadas con colores kitsch forman parte de las 8 maravillas del conurbano bonaerense.
Dirección: Av. Dr. Ricardo Balbín 2100, San Miguel, PBA Coordenadas: -34.54950, -58.71950 Estación de tren: San Miguel (Línea San Martín) Tours por Buenos Aires Provincia

Navegando por Google Street View en la zona del Gran Buenos Aires encontré un edificio que contrastaba con el paisaje urbano. Se trata de la Feria Persa, un icónico paseo de compras ubicado en San Miguel.

Si bien este edificio es famoso por su llamativa arquitectura inspirada en un castillo árabe, que se asemeja a un pedazo de la Alhambra granadina, lo que más llama la atención son sus colores disruptivos y estridentes. Cada sección está pintada de un color diferente, como si se hubieran usado restos de pintura sobrantes de otros proyectos municipales.

¿Qué es hoy la Feria Persa?

Originalmente nació como un mercado de ropa, discos y artículos de “contracultura” (como remeras de rock o videojuegos). Tanto es así que, durante los años 90 y principios de los 2000, la Feria Persa se ganó el apodo de “la Meca del Rock” en la zona norte, ya que allí se reunían distintas tribus urbanas —floggers, emos y metaleros— para comprar música, accesorios y ropa alternativa.

¿Qué era antes de ser feria?

La historia de la Feria Persa es un viaje que va desde el lujo nocturno de los años 70 hasta convertirse en un pilar de la cultura popular, marcado por su estética “kitsch” y su constante transformación.

Discoteca Sain Kaleh

Antes de ser un mercado, el edificio fue inaugurado en 1971 como Sain Kaleh, uno de los boliches (discotecas) más emblemáticos y exclusivos del Gran Buenos Aires.

La experiencia inmersiva: En su época dorada, el boliche buscaba transportar a los jóvenes a “Las mil y una noches”. La entrada solía estar custodiada por empleados vestidos como guardias orientales, y en su interior era común encontrar espectáculos de odaliscas.

Mística bailable: Fue el epicentro de la noche de San Miguel durante los años 70 y 80. Se decía que era “un palacio oriental para bailar y divertirse”, compitiendo en fama con otros boliches icónicos de la zona, como Nandai.

El cierre: Hacia finales de los 80 y principios de los 90, la moda de las mega-discotecas temáticas empezó a decaer y Sain Kaleh cerró sus puertas en 1991. Tras un breve paso como bingo y otros emprendimientos, el edificio renació como la feria que conocemos hoy.

Arquitectura: un “castillo árabe” en el conurbano

Lo que hace a la Feria Persa un lugar verdaderamente insólito es su arquitectura “kitsch”, que resalta de forma abrupta frente a las paradas de colectivo y el movimiento comercial de la avenida Ricardo Balbín.

Estilo Alhambra: Su fachada intenta replicar la arquitectura islámica, con arcos de herradura, cúpulas bulbosas y detalles que evocan los palacios de Granada o Persia.

La fachada actual: Hoy luce colores vibrantes, como naranja y azul, lo que acentúa su apariencia de parque temático o escenografía de película. Cuenta con torres que simulan minaretes y una entrada monumental que parece sacada de un cuento de Aladino.

El interior: Aunque por fuera parece un palacio, por dentro es un laberinto de pasillos repletos de locales. Aun así, todavía se pueden reconocer restos de la estructura original del boliche, con diferentes niveles y antiguas pistas de baile reconvertidas en sectores de puestos.

Curiosidades

Buscando información sobre la Feria Persa, encontré algunos videos en YouTube y publicaciones en redes sociales. Si bien estos datos no provienen de fuentes oficiales, surgen recurrentemente en los comentarios de usuarios y vecinos:

Los túneles del boliche: Existe un mito urbano en San Miguel que afirma que, durante la época de Sain Kaleh, el lugar contaba con pasadizos subterráneos o “zonas VIP secretas” detrás de los muros árabes, donde se realizaban fiestas privadas para figuras poderosas de la época.

La “maldición” de la fachada: Se dice que el mantenimiento del edificio es tan complejo, debido a sus formas, que muchos creen que el lugar “se niega” a ser modernizado, permaneciendo estéticamente atrapado en el tiempo como un fantasma de los años 70.

El guardián invisible: Algunos antiguos trabajadores de la feria aseguran que, cuando las luces se apagan y los locales cierran, todavía se escuchan ecos de música de discoteca y pasos en los niveles superiores, como si la fiesta de Sain Kaleh nunca hubiera terminado.

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