Hace unos días encontré un artículo sobre las ocho maravillas del conurbano bonaerense, una clara referencia local a las siete maravillas del mundo. De todas las mencionadas, hubo una que me llamó especialmente la atención: una Estatua de la Libertad visiblemente deteriorada.
El artículo fue publicado en 2021, por lo que la votación para elegir esas ocho maravillas se realizó ese mismo año. La restauración de la estatua, en cambio, llegaría recién en 2023.
Tengo entendido que en Buenos Aires existen varias estatuas de la libertad en mejor estado. Incluso hay una en el barrio de Belgrano, original y firmada por el propio Frédéric Auguste Bartholdi, el creador de la versión neoyorquina.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué elegir una réplica que tenía la mano derecha tan dañada que la antorcha literalmente colgaba?
Una réplica artesanal con sello local
A diferencia de otras reproducciones industriales, la Estatua de la Libertad de Quilmes Oeste fue realizada en fibrocemento por el escultor quilmeño Juan Bauk, lo que le otorga un carácter marcadamente artesanal y profundamente local. Un detalle que, sin dudas, llena de orgullo a muchos bonaerenses.
Su nivel de detalle y su escala la transformaron en una de las réplicas más llamativas del conurbano, atrayendo tanto a vecinos como a curiosos que se acercaban a fotografiarse con ella.
Durante años, su presencia definió visualmente la esquina donde se ubica y consolidó su lugar como punto de referencia urbano.
De ícono nocturno a “maravilla del Conurbano”
Otra de las razones por las que creo que fue elegida por sobre otras estatuas es que no solo funcionó como monumento decorativo, sino también como parte inseparable de la historia nocturna de Quilmes.
Originalmente formó parte del boliche Daytona, a fines de los años 90, un espacio que con el tiempo fue cambiando de nombre y de época: La Mira, Metrópolis y finalmente Paraguay Metro Disco. Aunque hoy ya no funciona ninguna discoteca en el edificio, la estatua sigue cargando con ese pasado nocturno.
Su popularidad trascendió el barrio cuando fue elegida por más de 27.000 usuarios como una de las “ocho maravillas del Conurbano”, en una encuesta organizada por la comunidad digital The Walking Conurban, dedicada a visibilizar los lugares más curiosos e insólitos del Gran Buenos Aires. Compartió ese reconocimiento con sitios emblemáticos como la Feria Persa de San Miguel, el Castillo Olvidado de Berazategui o la Pava de Goliat en Tres de Febrero.
El retiro que encendió la alarma
Con el paso de los años, la falta de mantenimiento y la exposición constante a la intemperie provocaron daños estructurales importantes. En octubre de 2023, ante el riesgo de desprendimientos —especialmente en el brazo que sostiene la antorcha—, los propietarios y autoridades decidieron retirar la estatua de su pedestal.
La noticia generó sorpresa, nostalgia y preocupación. En redes sociales, muchos vecinos expresaron el temor de que la estatua no regresara jamás a su lugar original, recordando otros casos en los que piezas similares desaparecieron sin dejar rastro.
El episodio puso en evidencia no solo la vulnerabilidad de las réplicas realizadas en materiales menos duraderos, sino también el fuerte vínculo emocional que las comunidades desarrollan con estos símbolos universales adaptados a su paisaje cotidiano.
Restauración y regreso al barrio
Semanas después llegó la buena noticia: la estatua no había sido retirada para siempre, sino para ser restaurada integralmente. Según informaron los propietarios a InfoQuilmes, un portal de noticias local, se realizaron trabajos sobre la estructura metálica interna, reparaciones en la fibra de vidrio y un repintado completo, devolviéndole estabilidad y presencia.
Finalmente, la estatua fue trasladada en un camión especial y colocada nuevamente con una grúa en su histórico entorno, lista para seguir siendo parte del paisaje y la memoria de Quilmes Oeste.









