No puedo evitar dedicarle un artículo a cada una de las ocho maravillas del conurbano. Me pareció muy ingeniosa la iniciativa de resaltar curiosidades urbanas a través de las redes sociales y convertirlas en un atractivo turístico.
En esta ocasión, llamó especialmente mi atención un tanque de agua con forma de tetera. Lo primero que destaca es su nombre: “La Pava de Goliat”. Pero ¿qué es una pava? Resulta que, en el argot argentino, así se le dice a las teteras. Y lo de Goliat, por lógica, se entiende por su tamaño gigante, haciendo una analogía como si se tratara de la tetera personal del gigante bíblico.
Su fama explotó cuando fue elegida como una de las ocho maravillas del conurbano, un peculiar ranking impulsado por la cuenta The Walking Conurban, dedicada a mapear y celebrar los objetos más extraños y entrañables que sobreviven entre la General Paz y el Riachuelo. Si el mundo tiene pirámides y coliseos, el Gran Buenos Aires tiene tanques con forma de animales, electrodomésticos y objetos imposibles.
La competencia invisible de los tanques creativos
Para entender por qué alguien construiría un tanque de agua con forma de pava, hay que retroceder a la década del 50. En aquella época, muchos inmigrantes italianos que se asentaron en el oeste del conurbano compartían una costumbre tan práctica como extravagante: competir por el tanque más ingenioso del barrio.
De esa tradición nacieron estructuras con forma de barcos, cohetes, sifones, zapatos, helicópteros y criaturas imposibles. En localidades como Villa Bosch, Caseros, Martín Coronado o Ciudadela, mirar hacia arriba todavía puede deparar sorpresas.
Una pava, una familia y una fábrica
La Pava de Villa Raffo fue idea de Ferro Smerilli, inmigrante italiano y dueño de una pequeña fábrica de aluminio instalada en el fondo de su casa. Uno de sus productos más vendidos eran, justamente, pavas. ¿Por qué no convertir un tanque de agua en una?
Junto a su hijo Victorino y su sobrino Beto, Ferro construyó una réplica monumental que originalmente estaba pintada con detalles que imitaban la madera y el bronce. Hoy el color se ha ido apagando, pero la forma sigue siendo inconfundible.
El tanque tiene una capacidad aproximada de 3.000 litros y, pese al paso del tiempo, continúa funcionando como depósito de agua de la vivienda ubicada sobre la avenida Lope de Vega.
De tanque doméstico a maravilla del conurbano
Más de seis décadas después de su construcción, aquella pava funcional se transformó en símbolo barrial, objeto de memes, aparición fugaz en publicidades —incluida una de Cerveza Brahma— y, finalmente, en una de las ocho maravillas del conurbano bonaerense.
Lo que empezó como una solución práctica terminó siendo una leyenda urbana. Y quizás esa sea la verdadera esencia del conurbano: lugares donde lo cotidiano, sin proponérselo, se vuelve extraordinario.










