Estatuas del Klötzelmönch y la Madre preocupada

Görlitz, Alemania

Estas dos estatuas se miran fijamente porque comparten uno de los crímenes más oscuros de la ciudad.

Si caminas por el inicio de la calle Fleischerstraße en Görlitz, Alemania, y alzas la vista hacia los pisos superiores del edificio número 2, te encontrarás con el pequeño busto de piedra de una mujer asomándose con visible angustia. Podría pasar desapercibida, pero si avanzas unos pasos por la misma calle hasta llegar al final, notarás en un nicho de la pared el relieve de un monje barbudo observando desde una falsa ventana. Ambas figuras están incrustadas en las fachadas, condenadas a mirarse de frente perpetuamente. Juntas, custodian uno de los crímenes más oscuros de la ciudad.

Esta es la leyenda del Klötzelmönch y la madre preocupada

La historia cuenta que, durante la época medieval, un joven artesano agotado por su viaje se quedó dormido en las bancas traseras de la cercana Iglesia de la Santísima Trinidad (Dreifaltigkeitskirche), parte del antiguo monasterio franciscano. El portero cerró el recinto sin notarlo y, cerca de la medianoche, el joven despertó por el eco de unos zuecos de madera chocando contra el suelo de piedra. Escondido detrás de la sillería del coro, vio a un monje jorobado sosteniendo una linterna mientras arrastraba por el cabello el cuerpo sin vida de una joven, para luego ocultarlo bajo una pesada losa frente al altar.

A la mañana siguiente, el viajero escapó al abrirse las puertas y escuchó en su posada que una viuda de la calle Fleischerstraße buscaba desesperadamente a su hija, quien había ido a la misa vespertina del día anterior sin regresar a casa. El artesano acudió de inmediato al ayuntamiento para alertar al alcalde. Tras levantar la losa del altar y encontrar el cuerpo, el testigo identificó al culpable entre los religiosos congregados. El monje confesó haber atraído a la joven a su celda rompiendo sus votos y haberla asesinado por miedo a ser descubierto; como castigo, fue emparedado vivo dentro de los muros de la iglesia.

Tras la trágica muerte de la madre, consumida por el dolor, la tradición cuenta que un ciudadano mandó colocar las dos esculturas de piedra en las fachadas para inmortalizar el horror: la mujer buscando a su hija, y el rostro de su asesino acechándola desde la distancia.

Pero hay un matiz histórico detrás de este relato. Aunque el folclore local asegura que el fantasma del religioso —apodado Klötzelmönch por el lúgubre ruido de sus zuecos— siguió vagando por el recinto e incluso mató del susto a un joven barbero que se perdió en los pasillos un siglo atrás, los registros apuntan a una motivación más terrenal. Según el análisis del Dr. Ernst Kretzschmar, es probable que la historia se exagerara y se transmitiera durante siglos porque los ciudadanos de Görlitz la utilizaban para desahogar su descontento ante la vida disoluta que llevaban los monjes de la época.

A pesar de que los edificios han sufrido los estragos del tiempo —como el incendio de la antigua farmacia contigua en 1945—, hoy en día ambas esculturas siguen en pie. La madre en la esquina del número 2 en una espera perpetua, y el monje en el número 19, atrapados en un silencioso y macabro duelo de miradas que ha sobrevivido al paso de los siglos.

La madre preocupada y el monje Klötzelmönch estan separados por aproximadamente 40 mentros.

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