En este tribunal la justicia no es ciega.
Si caminas por la plaza Untermarkt de Görlitz y miras hacia la torre del ayuntamiento, te encontrarás con dos relojes superpuestos y varias esculturas que a simple vista pasan desapercibidos, pero que esconden autómatas mecánicos y símbolos judiciales poco comunes.
¿Pero qué hace exactamente este conjunto de figuras en la fachada municipal?
En 1350, la administración de la ciudad se instaló en un edificio del Untermarkt, y en 1378 se registró por primera vez la existencia de su torre. Entre 1511 y 1516, el maestro de obras Albrecht Steglitzer elevó la estructura a 60 metros para vigilar posibles incendios.
En 1524 se instalaron dos relojes: el superior marca 24 horas y las fases lunares, mientras que el inferior fue modificado en 1584 por el alcalde y matemático Bartholomäus Scultetus para mostrar 12 horas. En el centro de esta esfera inferior se ubica la cabeza de un guardia con casco, apodado el «Viejo Sueco», que abre la boca y muestra ojos anaranjados a cada minuto.
Justo encima, en una abertura gótica, se asoma un león dorado que antiguamente rugía a medianoche mediante un sistema de fuelles y tubos de órgano para ahuyentar a los ladrones o anunciar las fases de la luna. Sin embargo, el mecanismo fue desconectado debido a que el ruido nocturno provocaba quejas entre las mujeres embarazadas.
A los pies de la torre, Wendel Roskopf el Viejo construyó entre 1537 y 1538 una escalera curva con un púlpito de piedra. En 1591 se añadió allí una estatua de la Justicia para demostrar que la ciudad había recuperado su jurisdicción libre tras el castigo de 1547. A diferencia de las representaciones tradicionales, esta escultura no lleva los ojos vendados.
La estatua original desapareció tras ser almacenada durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que a principios de los años 1950 fue reemplazada por una copia, misma década en la que se instaló un soplador eléctrico para devolverle un rugido más suave al león de la torre.
La leyenda cuenta que la cabeza del reloj representa a un vigilante que se quedó dormido durante un incendio y que, como castigo, fue emparedado vivo en la torre. Sin embargo, no existen registros oficiales que confirmen este origen.
Hoy en día, los visitantes pueden subir sus 191 escalones o activar tres veces el rugido del león durante los recorridos guiados, mientras las parejas de recién casados bajan del registro civil por la antigua escalera del tribunal, posando bajo la mirada descubierta de una Justicia que antes presenciaba sentencias de muerte.













