En agosto de 2021, una extraña figura apareció en la ribera del río Moscova, en la zona de Bolótnaya Naberezhnaya, desatando una ola de críticas, memes y debates sobre el verdadero valor del arte contemporáneo. La escultura, de 13 metros de altura, se titula «Gran Arcilla N.º 4» (Big Clay No. 4) y es obra del reconocido artista suizo Urs Fischer. Desde su instalación, ha sido difícil encontrar un moscovita que no tenga una opinión —casi siempre intensa— sobre ella.
Un pedazo de arcilla… ¿o algo más?
La pieza representa un amasijo de arcilla moldeado a mano y luego ampliado 50 veces. Según su autor, Fischer, se trata de una metáfora sobre la creación, lo inacabado y lo moldeable: la arcilla como símbolo del potencial humano y de las formas aún por definir. El material, sin embargo, no es barro, sino aluminio fundido, lo que la hace aún más desconcertante para quienes la observan por primera vez.
Fischer, que ya ha expuesto esta obra en ciudades como Nueva York (2015) y Florencia (2017), eligió Moscú como nuevo destino dentro del marco de la inauguración del GES-2, un centro de arte contemporáneo instalado en una antigua central eléctrica restaurada. A pesar del prestigio del evento, la recepción de la escultura fue, como en las otras ciudades, bastante conflictiva.
Entre el arte elevado y la burla popular
Para muchos ciudadanos de Moscú, «Big Clay No. 4» no es más que una «montaña de desechos», como la definió el humorista Maksim Galkin, o incluso “la cosa más cara e inentendible del arte moderno”, como han replicado numerosos usuarios en redes sociales. Críticas similares se dieron en EE. UU., donde un crítico la calificó como “el excremento más costoso del casino artístico”.
Lo que genera aún más controversia es su ubicación: desde la misma escultura puede verse el monumento a Pedro el Grande, obra de Zúrab Tsereteli —otra pieza que en su momento generó acalorados debates y comparaciones estéticas. La confusión entre ambas esculturas ha llevado incluso a algunos guías turísticos a atribuir la «Gran Arcilla» a Tsereteli, aunque no tenga relación alguna con ella.
La paradoja del arte que no quiere gustar
Ante las críticas, el propio Urs Fischer ha respondido con ironía y filosofía. Para él, el arte no tiene la obligación de ser “bello” o “agradable”, ni de satisfacer las expectativas de nadie. En sus palabras:
“Las ciudades están llenas de edificios horribles, coches feos y ropa sin estilo. ¿Acaso eso se discute? No. Entonces, ¿por qué el arte debería hacerlo? El arte no tiene que hacerte feliz. Solo tiene que estar allí. Si genera conversación, ya es suficiente”.
¿Una provocación sin fecha de salida?
A pesar del rechazo generalizado, la escultura no parece tener planes de retirarse pronto. El hecho de que esté resguardada por seguridad en todo momento evidencia tanto su valor simbólico como su vulnerabilidad frente al descontento público. Que guste o no, «Big Clay No. 4» se ha ganado un lugar en el paisaje visual de Moscú y en el imaginario colectivo de su ciudadanía.
Como todo arte que incomoda, puede que su importancia no se mida por el aplauso inmediato, sino por las conversaciones que deja a su paso. En el caso de esta extraña montaña de «arcilla» metálica, el ruido no cesa, y eso —al menos para Fischer— ya es arte.
Actualización: Big Clay No. 4 ha sido desmantelado de su lugar original el 28 de Julio de 2025. No se sabe si para siempre o sera puesto en otro lugar.








