Como un Transformer adicto al CrossFit, este autobús de dos pisos presume de nalgas humanas mientras gruñe haciendo lagartijas en plena calle.
En una esquina calle Klíčová 2 del barrio de Chodov, en el distrito de Praga 4, asoma un tradicional autobús rojo de dos pisos de origen británico que parece estar en el lugar equivocado. Aunque a simple vista desde la distancia podría confundirse con un vehículo clásico estacionado, al acercarse revela dos enormes brazos mecánicos que emergen de sus costados y una parte trasera moldeada exactamente como un trasero humano gigante.
¿Pero cómo llegó este autobús inglés hasta aquí?
En 1958, este vehículo fue fabricado como un autobús real destinado al servicio de transporte público en Inglaterra, aunque nunca llegó a operar en las calles de Londres. Décadas más tarde, en 2012, el artista checo David Černý intervino la estructura para conmemorar los Juegos Olímpicos de Verano celebrados ese año en la capital británica. La escultura mecánica, bautizada como London Booster y con un peso registrado de entre seis y siete toneladas, fue instalada temporalmente frente a la Casa Checa, ubicada en el edificio Business Design Centre del distrito londinense de Islington.
Para su funcionamiento, Černý diseñó un sistema hidráulico en las extremidades laterales que levanta el autobús varios metros hacia arriba y hacia abajo a intervalos regulares, imitando el movimiento de las flexiones de pecho. Mientras realiza el ejercicio, la máquina emite sonidos de gruñidos y gemidos de esfuerzo, mientras que en sus ventanas se proyectó una animación basada en la obra Amorfa – Fuga en dos colores, pintada en 1912 por František Kupka.
Según explicó el propio autor a los medios de comunicación checos, eligió las flexiones porque representan el ejercicio común a todas las disciplinas deportivas del mundo, pero también por la ironía de que ese mismo movimiento se utiliza como castigo físico en los ejércitos y en las prisiones. Durante su exhibición en Londres, el movimiento del vehículo detenía el tráfico de la calle hasta el punto de que los presentes hacían apuestas sobre qué conductor chocaría primero por la distracción.
Hoy en día, el London Booster sigue en pie en su ubicación definitiva de Praga, aunque existe una notable discrepancia entre la teoría y la realidad sobre su funcionamiento. Mientras que la información oficial y las guías turísticas aseguran que todavía es posible verlo hacer flexiones todos los días entre las 15:00 y las 15:30 horas —siempre que la temperatura ambiental no descienda por debajo de los cinco grados centígrados—, los reportes de visitantes y residentes locales en la plataforma cartográfica checa Mapy.cz (Mapy.com) advierten que el mecanismo hidráulico lleva años inactivo y que la estructura luce desgastada, llegando a describir su estado actual como «chatarra». Aun en su quietud, el monumento permanece allí como una contradicción mecánica que transforma un símbolo del transporte británico en una sátira sobre el esfuerzo físico y el castigo corporal.









