Esta estatua recuerda a un zombi de The Walking Dead o al Guardián de la Cripta.
En la cripta de la Basílica de San Jorge, dentro del Castillo de Praga, te encontrarás con la escultura de un cadáver en descomposición que tiene una historia inusual detrás.
Esta es la historia de Brigita
En la década de 1520 a 1530, un autor anónimo vinculado al entorno de Ulrich Creutz talló esta pieza en arenisca para la Capilla de Santa Ana, buscando fomentar la meditación sobre la fugacidad de la vida. La obra mide 160 centímetros de altura y posee una argolla de hierro trasera para sujetarla al muro.
Su anatomía muestra costillas rotas, vísceras expuestas y un cráneo sin ojos ni varios dientes, aunque conserva un mechón de pelo, la oreja izquierda y las palmas de las manos intactas. El cuerpo incluye tres serpientes en el talón, la pantorrilla y el vientre; dos sapos en el pilar y el hombro; y cuatro gusanos en la base, el pie, la clavícula y la frente. En 1541, un incendio en el monasterio partió la figura por la cintura, sumándose luego reparaciones de yeso y estuco en los brazos, el manto y la capucha.
En 1836, Ignaz Eugen Nowak vinculó la pieza con el estucador italiano Bernard Spinetti, quien apuñaló a su expareja Anna Marie Zinnerová en el recinto el 3 de abril de 1728 y habría esculpido la obra como penitencia tras salvarse en el cadalso. Luego, en 1850, Jan Spurný publicó un relato situado entre 1682 y 1683 sobre el escultor Otakar, quien por celos asesinó a una joven llamada Brigita y fue obligado a tallar su cadáver putrefacto antes de ser ejecutado.
En 1990, una restauración descubrió que la pintura original era verde intenso a base de cobre, oculta bajo capas oscuras. Finalmente, en 2024, el investigador Jakub Kukan demostró que la pelvis, el tórax y el cráneo corresponden a un esqueleto masculino.
La historia no oficial cuenta que la víctima era una joven de Malá Strana asesinada por su prometido tras creer en chismes vecinales. Sin embargo, no existen registros oficiales que confirmen este origen.
Hoy en día, la estatua sigue en piela en la cripta de la Basílica de San Jorge en el Castillo de Praga, representando la contradicción de un esqueleto masculino del siglo XVI que pasó a la posteridad con el nombre de una mujer ficticia del siglo XIX.











