Dos estatuas que mueven la cadera y el miembro para escribir citas literarias con chorros de agua a cambio de un mensaje de texto.
Escondido a plena vista frente al Museo Franz Kafka en la orilla izquierda del río Moldava, asoma un conjunto escultórico de bronce que parece estar en el lugar equivocado. Aunque de lejos parece una fuente tradicional ubicada dentro de una reserva de monumentos históricos, en realidad se trata de dos figuras masculinas que orinan directamente sobre el mapa del propio país.
Esta es la historia de la fuente Proudy
En 2004, el artista David Černý instaló esta obra en la calle U Lužického semináře 42, en el barrio de Malá Strana. La instalación está compuesta por dos hombres de bronce de 210 centímetros de altura situados frente a frente sobre un estanque con el contorno de la República Checa.
Las figuras están construidas mediante placas superpuestas que giran gracias a un mecanismo electrónico interno. Este sistema mueve la zona de las caderas hacia los lados y levanta el pene de cada estatua, logrando que el chorro de agua trace letras sobre la superficie del agua. Por defecto, el dispositivo está programado para escribir citas literarias checas, pero incluye un número telefónico: cualquier visitante puede enviar un mensaje de texto (SMS) para reprogramar el sistema y hacer que las estatuas escriban las palabras enviadas.
En abril de 2015, once años después de su colocación, la obra generó un debate en el Ayuntamiento de Praga tras quejas por correo electrónico. La concejala Marta Semelová interpeló al concejal Jan Wolf, argumentando que la pieza insultaba a los ciudadanos en un recinto inscrito en la Lista Central de Monumentos Culturales, visitado por niños y extranjeros. Ante la disputa, la portavoz municipal, Petra Hrubá, aclaró cómo se autorizó la obra: el Departamento de Conservación del Patrimonio dio su consentimiento en 2004 únicamente para colocar un bebedero en el patio, pero la institución nunca se pronunció sobre la apariencia final que tendría la fuente.
Hoy en día, la fuente Proudy sigue en pie en la plaza del museo, recibiendo a quienes cruzan la zona de Kampa. La instalación permanece activa como una contradicción administrativa: un monumento donde dos figuras mecánicas orinan textos personalizados por teléfono sobre el mapa nacional, aprobado originalmente en los papeles municipales como un simple bebedero.








