Laboratorios y artefactos místicos del siglo XVI en un recorrido oscuro y poco convencional.
Praga tiene una fama bastante merecida de ser una ciudad llena de historias extrañas, leyendas y rincones que parecen sacados de una película. Aquí puedes meterte de lleno en el mundo de los alquimistas, magos y personajes que, hace siglos, intentaban descubrir secretos que hoy nos parecerían completamente imposibles.
La alquimia tuvo bastante importancia en Praga durante el reinado del emperador Rodolfo II, que tenía un especial interés por todo lo relacionado con la ciencia, la astrología, la magia y lo desconocido.
En el museo hay unas escaleras bastante estrechas hasta el ático del edificio. Allí se encuentra una recreación del supuesto laboratorio de Edward Kelley, uno de los alquimistas más famosos que pasaron por Praga en aquella época.
Y el lugar tiene exactamente el aspecto que uno esperaría encontrar en el escondite de un alquimista: frascos, alambiques, pergaminos, recipientes llenos de cosas que no sabes muy bien qué contienen y todo tipo de objetos extraños.
Lo bueno es que no se trata simplemente de caminar frente a vitrinas y leer carteles. El museo está pensado para que puedas acercarte, mirar los objetos de cerca y sacar fotos, así que resulta bastante entretenido incluso si no sabes absolutamente nada de alquimia.
Mientras recorres el ático, es fácil imaginar a alguien pasando horas allí intentando encontrar la famosa piedra filosofal o descubrir cómo convertir un metal cualquiera en oro.
Por supuesto, hoy sabemos que muchas de aquellas ideas pertenecían más al mundo de las creencias que al de la ciencia moderna. Pero precisamente por eso resulta tan interesante conocer esta parte de la historia de Praga.









