Se supone que es una columna romana que el diablo rompió en tres por perder una carrera.
Si caminas por la calle K Rotundě en los jardines Karlach de Vyšehrad y miras hacia el muro oriental del cementerio, a la derecha en dirección a la basílica, te encontrarás con tres fragmentos de piedra apoyados entre sí formando un triángulo irregular que a simple vista pasa desapercibido, pero que esconde múltiples hipótesis sin resolver y una disputa sobrenatural.
Esta es la historia de la Columna del Diablo.
En los siglos V al X, según la arqueología clásica, este objeto habría surgido como un monolito precristiano con fines astronómicos, aunque otras teorías lo sitúan como un medidor de tiempo, una picota medieval o parte de la basílica de San Pedro de los siglos XI o XII. Un relato indica que en 1420 fue arrojado con una catapulta llamada Diablo durante el asedio husita. Posteriormente, en 1503, la estructura que sostenía la bóveda de la iglesia de San Pedro y San Pablo se rompió y cayó al suelo arrastrando parte del techo cuando el templo estaba vacío. En 1700, Jan F. Hammerschmidt publicó en latín el mito sobre su origen.
En 1787, las piezas exhibidas dentro del templo fueron trasladadas al cementerio contiguo. Aunque una fuente sitúa su llegada a los jardines en 1888, consta que en 1894 el deán Karel Karlach encargó a la empresa de Ludvík Šalda moverlas a su ubicación actual. Los bloques miden entre 160 y 240 centímetros y pesan unos 2.500 kilos. Los análisis geológicos demostraron que la piedra proviene de una cantera en Krhanice, junto al río Sázava, y que los trozos pertenecen al menos a dos columnas distintas.
La historia no oficial cuenta que un sacerdote apostó su alma con el diablo Zardan si este traía una columna desde Roma antes de que él terminara de oficiar la misa. San Pedro detuvo al demonio haciéndole caer la piedra tres veces al mar sobre la bahía de Venecia, por lo que llegó tarde y la arrojó furioso contra Basílica de San Pedro y San Pablo, partiéndola en tres. Sin embargo, no existen registros oficiales de la institución que confirmen este origen.
Hasta el día de hoy, todavía puedes ver las letras romanas grabadas en la roca, cuyo inicio podría significar Sanctae Matris Marie, mientras el resto sigue sin descifrar. El monumento permanece ahí como la contradicción de una supuesta reliquia única traída desde Italia que, en realidad, son fragmentos de distintas piedras locales.








