Un callejón tan estrecho que necesita semáforos peatonales y un poco de jabón para desatorar a los visitantes que ignoran la luz roja.
Si caminas por la calle U Lužického en Malá Strana, Praga, te encontrarás con una estrecha abertura de piedra y escalones entre los edificios que a simple vista pasa desapercibida, pero que esconde un sistema de semáforos propio porque su anchura impide que dos personas se crucen.
¿Pero qué hace exactamente este pasadizo en Praga?
En 1503 y 1541, tras una serie de incendios, los concejales de Praga ordenaron abrir pasajes estrechos entre los edificios de madera de Malá Strana para frenar la propagación del fuego y facilitar el acceso al agua del canal Čertovka.
Antes de 1620 se construyó junto a este corredor un edificio de estilo renacentista tardío que albergó una herrería y un taller de carpintería para ruedas de molino. Aunque los demás pasadizos desaparecieron con las reformas urbanas, este sobrevivió al integrarse como acceso trasero del inmueble. Carece de nombre oficial y, según Ondřej Šefců, del Instituto Nacional de Patrimonio (NPÚ), no es una calle en sentido estricto, sino un desfiladero. Mide entre 50 centímetros en su punto más angosto y 70 centímetros en el más amplio, con una longitud estimada de entre 20 y 25 metros.
Desde la década de 1990, el edificio aloja el restaurante Čertovka. Tras el año 2000, el aumento de visitantes obligó a instalar dos semáforos peatonales con pulsadores, uno en cada extremo, para evitar bloqueos frontales en los escalones.
La historia no oficial cuenta que una turista alemana corpulenta quedó atascada en el pasaje; en diciembre de 2007, el propietario del restaurante, Jan Hynek, declaró al medio iDNES que el hecho ocurrió hacia 1997 y que el personal tuvo que enjabonarla para liberarla, mientras que publicaciones a partir de 2012 sitúan el incidente en 2011 y añaden dos horas de rescate por parte de los bomberos, sumado a rumores de guías sobre un supuesto túnel de escape para monjes. Sin embargo, no existen registros oficiales que confirmen este origen.
Hoy en día, el pasadizo sigue en pie en terreno municipal como la última calle de incendios del barrio, acumulando casi 10.000 reseñas en internet. Lo que nació en el siglo XVI como una medida de emergencia contra el fuego funciona ahora como un embudo peatonal donde los visitantes hacen fila solo para pulsar un botón y comprobar si caben entre dos paredes.











