Neidkopf de Lenin

Görlitz, Alemania

Un pastor religioso rescató de la fundición este busto comunista en 1989 y lo clavó en una pared de ladrillos para espantar a los malos espíritus.

Si caminas por la callejón Sporergasse de la ciudad alemana de Görlitz y miras hacia el muro de ladrillos rojos, te encontrarás con un busto de bronce de Vladímir Lenin atravesado por gruesas barras de metal que a simple vista pasa desapercibido, pero que esconde una profunda contradicción histórica: un símbolo comunista convertido en un amuleto cristiano y arquitectónico.

¿Pero cómo llegó la cabeza de Lenin hasta aquí?

En 1975, el pastor evangélico Friedrich Ilgner y su esposa Irmgard se mudaron a Görlitz, donde él asumió el cargo de pastor en la Iglesia de la Trinidad tras haber sufrido presiones por parte de las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA). A mediados de la década de 1980, el matrimonio compró y rehabilitó la antigua casa parroquial en la calle Langenstraße 36 (perpendicular al callejón Sporergasse).

Poco después, durante el periodo de la caída del Muro de Berlín en 1989, Friedrich Ilgner vio esta cabeza de bronce de Lenin en el establecimiento del comerciante de arte Eberhard Klinger, ubicado en la calle Brüderstraße. En esa misma época, las autoridades locales retiraron otro busto de Lenin que se encontraba en la Torre de Reichenbach. A Ilgner le molestaba la destrucción de los monumentos tras el fin del régimen, por lo que decidió buscar la escultura que había visto en la tienda de Klinger.

Al preguntar por la pieza, el comerciante le informó que, al no ver más demanda para una escultura de bronce del líder soviético, ya la había enviado a Berlín para ser fundida. Friedrich Ilgner viajó personalmente hasta Berlín, logró recuperar la cabeza antes de su destrucción y la llevó de regreso a Görlitz para empotrarla en la pared de la Sporergasse como un Neidkopf (Cabeza de Envidia).

En la tradición arquitectónica apotropaica de origen germánico, los Neidköpfe eran rostros grotescos que se colocaban en las fachadas de las casas con el propósito de alejar la envidia, el mal y espantar a los malos espíritus. Junto a la escultura, Ilgner hizo grabar la fecha del 9 de noviembre de 1989 (fecha de la caída del muro de Berlín) y una cita de Martín Lutero que dice: «El lazo se ha roto y somos libres, que el nombre del Señor nos asista, el Dios del cielo y de la tierra».

Hoy en día, el busto de Lenin sigue sobre el muro de ladrillos de la calle Sporergasse como parte del legado que dejaron Friedrich e Irmgard Ilgner en el casco antiguo de la ciudad, representando la ironía de cómo el rostro intocable de un régimen dictatorial terminó degradado a una simple «Cabeza de Envidia» cuya única función actual es espantar para siempre el regreso de la censura y la dictadura que él mismo inspiró.

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