Como un Transformer que quedó a mitad de camino al intentar escapar, miles de dueños lo dejaron tirado en las calles para huir a pie.
Si caminas por las inmediaciones del Palacio Lobkowitz en Praga y miras hacia el jardín a través de las rejas de la Embajada de Alemania, te encontrarás con la estatua de un pequeño automóvil sostenido por cuatro piernas humanas que a simple vista pasa como una alucinación sin importancia, pero que esconde la historia de un éxodo masivo durante el final de la Guerra Fría.
¿Pero qué hace exactamente un coche con patas en los jardines de una sede diplomática?
En 1957 comenzó en Alemania Oriental la producción del Trabant, un vehículo con chasis metálico recubierto por paneles exteriores de plástico. Su variante más común fue el modelo 601, lanzado en 1963, del cual se fabricaron más de dos millones de unidades. Durante la segunda mitad de 1989, poco antes de la caída del Muro de Berlín, miles de ciudadanos de Alemania Oriental viajaron en estos automóviles hasta Praga, en la entonces Checoslovaquia. Su objetivo era ingresar a la embajada de Alemania Occidental para solicitar asilo político y pasar hacia la mitad oeste del país dividido.
Para lograrlo, los refugiados abandonaron sus coches en las calles, donde los habitantes checos los recogieron para darles uso. El exembajador alemán en Praga, Helmut Elfenkamper, calificó esta movilización como el principio del fin del comunismo en Europa.
Para conmemorar este suceso, el artista David Černý diseñó en 1989 una escultura basada en el Trabant 601, titulada oficialmente «Quo vadis» —que en latín significa «¿A dónde vas?»— y conocida como «Walking Trabant».
En 1990, la pieza original, hecha de metal y fibra de vidrio, fue instalada en mitad de la noche en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga. Posteriormente, esa primera versión fue trasladada a la ciudad de Leipzig, en la ya reunificada República Federal de Alemania. Sin embargo, en el año 2001 se realizó un vaciado en bronce de la obra y se colocó de forma permanente en el patio del Palacio Lobkowitz.
Hasta el día de hoy, todavía puedes ver esta escultura de bronce a través de la cerca de la embajada alemana fuera del horario laboral. La pieza permanece sobre el césped como la contradicción de un vehículo con carrocería casi eterna que fue abandonado por miles de personas para poder caminar hacia su libertad.








