Dos aviones de combate con alas de mariposa baten sus alas contra la fachada de una tienda para recordarnos los horrores de la guerra.
Escondidos a plena vista en el cruce de la avenida Národní y la calle Spálená en Praga 1, asoma un par de cazas de combate con alas de mariposa que parece estar en el lugar equivocado.
¿Pero cómo llegó este dúo de aeronaves híbridas hasta aquí?
El edificio Máj Národní, un monumento cultural inaugurado en 1975 y adquirido en 2019 por AMADEUS Real Estate, exhibe en su fachada la obra Butterfly Effect de David Černý. El escultor propuso esta instalación a petición de los dueños durante la remodelación del centro comercial, adaptando un diseño que había creado originalmente para la sede de la OTAN en Bruselas.
La escultura funciona como un homenaje a los pilotos checoslovacos de la Real Fuerza Aérea británica (RAF) que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y luego fueron perseguidos por el comunismo. Tras acordar que la empresa inmobiliaria financiaría el prototipo, Černý instaló la obra en las paredes del Máj, reservando una tercera pieza de la serie para su destino original en la OTAN.
El domingo 19 de mayo de 2024, dos grúas cerraron la avenida para colgar las esculturas antes de la reapertura del edificio el 24 de junio de 2024. Cada pieza combina el fuselaje fundido de un caza Supermarine Spitfire, pintado con patrones de camuflaje en tonos violeta, azul y turquesa, con alas transparentes inspiradas en la mariposa monarca que se mueven y brillan junto con sus hélices.
Además, la nota de prensa del recinto afirma que el pavimento frente al edificio incluye una placa de acero con código QR y 359 pequeñas siluetas de aviones hechas con adoquines, la historia no oficial sugiere que esta cifra representa el número exacto de pilotos checoslovacos caídos en la RAF, pero el dato contradice directamente los registros históricos, que documentan 2.402 aviadores y 493 fallecidos según Wikipedia. Además, hasta el momento no existen fotografías independientes ni registros institucionales que confirmen la verdadera existencia física de estas figuras en la acera.
Hoy en día, las esculturas siguen en pie con un permiso temporal de un año, y supuestamente prorogados por 2 años mas, iluminándose y batiendo sus alas frente a los peatones. La instalación permanece como una contradicción curiosa: un tributo militar que elude la estética bélica y que dividió a críticos, conservacionistas y ciudadanos desde el primer día —incluyendo insultos en televisión entre el autor y la curadora Marie Foltýnková—, demostrando que en Praga hasta un símbolo de paz puede generar su propia guerra.











