Faustův Dům (Casa de Fausto)

Praga, Chequia

Fue el refugio de alquimistas obsesionados con el diablo y muertos vivientes, pero hoy este palacio barroco solo alberga papeleo médico y recetas de farmacia.

Si caminas por el extremo sur de la plaza Karlovo náměstí en Praga y miras hacia el número 502/40, te encontrarás con un palacio barroco de fachada rosada que a simple vista pasa desapercibido, pero que esconde una trama de experimentos científicos, ocultismo y un agujero real en su techo.

Esta es la historia de la Casa de Fausto

En el siglo XIV, el edificio original servía como residencia gótica para los duques de Opava. La estructura experimentó modificaciones renacentistas y barrocas a lo largo de los siglos, conservando en la planta baja dibujos del ave Fénix y del sistema solar, además de símbolos alquímicos en el mirador de la esquina suroeste. En 1590, la propiedad fue adquirida por el alquimista y nigromante inglés Edward Kelley, conocido por sus sesiones de videncia junto al matemático John Dee en la corte de Rodolfo II. En este palacio, Kelley instaló hornos alquímicos (atanores) para intentar fabricar la Piedra Filosofal; los estruendos de explosiones nocturnas y las densas columnas de humo con olor a azufre que emanaban de la casa iniciaron los primeros rumores vecinales de invocaciones diabólicas.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, el inmueble pasó a manos de la familia Mladota de Solopysky, recibiendo el nombre oficial de Palacio Mladotovský. Ferdinand Antonín Mladota y Josef Mladota, dos aristócratas ilustrados fascinados por la física, la óptica y la mecánica, instalaron en la residencia autómatas articulados, trampas de presión y resortes ocultos que hacían que las puertas se abrieran y cerraran solas sin intervención humana. Aunque se trataba de experimentos científicos y trucos mecánicos para asombrar a sus invitados o ahuyentar a curiosos, para los criados y el pueblo llano de la época aquellos movimientos «invisibles» y aparatos móviles solo podían explicarse como hechicería o magia negra.

Los Mladota mantuvieron la propiedad hasta 1810. En 1838, el edificio fue remodelado para albergar un instituto para sordomudos. A mediados de ese mismo siglo XIX, el capellán de la cercana iglesia de San Juan Nepomuceno y administrador del recinto, el doctor Karel Jaenig, llevó la fascinación fúnebre a un extremo macabro. Aquejado de una severa obsesión por el memento mori, Jaenig decoró las estancias con calaveras, restos de horcas y objetos funerarios, e incluso mandó fabricar un ataúd de madera en el que dormía a diario. Su conducta terminó de sellar en el imaginario colectivo la idea de que la casa ejercía una influencia siniestra sobre sus moradores.

Posteriormente, durante las inspecciones arquitectónicas del edificio, se descubrió un agujero tapiado en el techo por el que cabía una persona, ubicado en la unión de dos cúpulas del segundo piso. El 14 de febrero de 1945, durante el bombardeo aliado sobre Praga, una bomba aérea impactó el inmueble, perforando el tejado y los techos sin llegar a explotar.

La historia no oficial cuenta que el legendario doctor Johann Georg Faust habitó el palacio, firmó un pacto con el diablo y fue arrastrado al infierno a través del techo, dejando un agujero imposible de sellar por los albañiles; un destino que habría repetido un estudiante pobre tras encontrar táleros de plata (monedas) y leer libros ocultistas en la casa deshabitada. Sin embargo, no existen registros que confirmen este origen, y los documentos históricos demuestran que Fausto jamás vivió entre sus muros: la leyenda fue una superposición popular inspirada en la sucesión de alquimistas, científicos mecánicos y personajes excéntricos que realmente la habitaron.

Hoy en día, la Casa de Fausto sigue en pie como monumento cultural desde 1964, albergando dependencias de la Primera Facultad de Medicina de la Universidad Carolina, del Hospital General Universitario y una farmacia y un centro de reuniones académicas para estudiantes en sus plantas bajas. Resulta paradójico que el edificio donde durante siglos se buscó el elixir de la vida mediante la alquimia sea ocupado hoy por médicos y científicos modernos.

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