Este templo exhibe una silla que te mata en un año si te sientas y una escalera rota para evitar visitas al monstruo del desván.
En el interior de la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga, te encontrarás con unos peldaños de metal en la pared trasera y una silla vacía que tienen una historia inusual detrás. A simple vista parecen elementos secundarios dentro de este recinto de piedra, pero ambos objetos están vinculados a prohibiciones centenarias, promesas de muerte y al escondite de un gigante de arcilla.
Esta es la historia de las reliquias del rabino Löw y el desván de la Sinagoga Vieja-Nueva
En 1270, durante el reinado de Otakar II de Bohemia, se completó este edificio gótico. Inicialmente llamado Sinagoga Nueva o Grande, adoptó el nombre de Vieja-Nueva a finales del siglo XVI tras abrirse otros templos en el barrio de Josefov. En esa época ejerció allí el rabino Jehuda Löw ben Bezalel (1512–1609).
A la derecha del arca de la Torá se conserva su gran silla reservada; por respeto a su memoria, nadie se ha sentado en ella desde su muerte. Además, en la pared trasera, unos peldaños metálicos suben hacia una puerta situada a doce metros de altura que conecta con la guenizá, el ático destinado a guardar textos religiosos deteriorados. Para bloquear el paso al público, se retiraron los tres metros inferiores de la escalera exterior.
La historia no oficial cuenta que quien ocupe el asiento del rabino morirá en el plazo de un año, y que el propio Löw clausuró el acceso al desván tras ocultar allí los restos del Golem, una criatura de arcilla animada mediante un pergamino en su boca (shem) que fue inmovilizada tras descontrolarse un sábado durante el canto de los salmos 92 y 93.
También se dice que un agente nazi murió al intentar entrar al ático en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no existen registros oficiales de la institución que confirmen este origen: todos los asientos actuales datan del siglo XIX, y no se hallaron restos del Golem cuando el arquitecto Joseph Mocker restauró el edificio en 1883 ni durante la exploración de 2014.
Hoy en día, la sinagoga opera de forma continua salvo entre 1942 y 1945. Allí continúan la silla del siglo XIX intacta, la repetición litúrgica de ambos salmos y la escalera truncada hacia un desván vacío, demostrando cómo una leyenda altera la arquitectura y las costumbres mucho más que la realidad histórica.









